Wednesday, May 10, 2006

FRAGMENTOS

La memoria es mentirosa y muchas veces nos engaña transformando los hechos del pasado. Es, además, selectiva y subjetiva porque cuando rememoramos un episodio ya sucedido somos incapaces de reconstruirlo segundo a segundo, sólo recordamos los detalles que fueron más relevantes para nosotros. La memoria se deshace poco a poco en el olvido como azúcar en agua.


El polvo del centro de la Vía Láctea es como niebla, opaco a la luz visible e impenetrable para los astrónomos que quieren escudriñar su interior con telescopios ópticos. Por eso sabemos menos acerca del centro de nuestra propia galaxia que de los de otras mucho más alejadas. De la misma forma, nos resulta mucho más fácil entender las trampas que regulan el funcionamiento de cualquier familia o pareja, que las de la propia.

Se me ocurren millones de razones por las que me volví loca. Pero las más importantes son las que no se me ocurren, las enterradas.

No intentes enterrar el dolor: se extenderá a través de la tierra, bajo tus pies; se filtrará en el agua que hayas de beber y te envenenará la sangre. Las heridas cierran, pero siempre quedan cicatrices más o menos visibles que volverán a molestar cuando cambie el tiempo, recordándote en la piel su existencia, y con ella el golpe que las originó. Y el recuerdo del golpe afectará a decisiones futuras, creará miedos inútiles y tristezas arrastradas, y tú crecerás como una criatura apagada y cobarde. ¿Para qué intentar huir y dejar atrás la ciudad donde caíste?

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